Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará aquí...

Juan Rulfo-Nos han dado la tierra

sábado, 5 de febrero de 2011

Sobre el anarquismo

La naturaleza del ser humano tiende a la entropía, al desorden generalizado cuya expresión es el mayor nivel de comodidad para su materia. Y sin embargo, ha buscado la sociedad como medio de protección, la asociación con otros seres para establecer comunidades con ciertas reglas, con cierto orden, y con ciertas estratificaciones y jerarquías dentro de las cuales genera una paradoja, eligiendo ceder la capacidad de decisión a unos cuantos para permanecer en ese estado de comodidad.
Esta incoherencia entre orden y comodidad lleva como único y posible resultado a la revolución, esa expresión de las masas por romper el orden general para lograr la comodidad particular. A lo largo del tiempo, en todas las revoluciones ha estado presente esa facción extremista cuya ideología persigue la comodidad general en base a la comodidad particular, es decir, rompiendo con cualquier atadura o tradición por y hacia la sociedad: el anarquismo. Pese a su presencia continua e inevitable, el anarquismo aún no ha logrado establecer una revolución por sí solo, y mucho menos, triunfar a través de la misma. Es por eso que los anarquistas sí han llevado a cabo esa famosa revolución ininterrumpida, pero con una gran contradicción que, al igual que en el caso del comunismo, conducirá a la derrota frente a sistemas sólidos como el capitalismo.
El anarquismo habla de la total insubordinación ante órdenes preexistentes o por existir, donde el ser humano debe dirigir su destino en completa ausencia de normas sociales, gubernamentales, entre otras. Quizá, desde el punto de vista del teleologismo, la felicidad personal como el fin principal del hombre pueda ser una justificación filosófica para esta ideología. Sin embargo, la gran paradoja del anarquismo es que ha buscado derribar un sistema a través del uso de las masas, pero sin lograr establecer un sistema después de ello.
Las revoluciones residen en irrumpir violentamente en un sistema para derrocarlo y establecer otro de acuerdo a los intereses de los promotores. Todas las revoluciones representan un descontento, ya sea generalizado o de ciertas clases (por englobar grupos específicos con una palabra, detalles únicamente por economía de palabras), pero un descontento con la oligarquía dominante que resulta en el derrocamiento de un sistema por otro. En gran contradicción, el anarquismo busca derrocar un sistema sin implantar uno nuevo, rompiendo así con la continuidad de la revolución, evitando el resultado final e inevitable del fenómeno y desvirtuando así la esencia del mismo. En otras palabras, busca un camino alternativo, pero cuyo pragmatismo no ha sido corroborado hasta el día de hoy.
El hecho de que el anarquismo no puede tener jerarquías, sino que busca agitación del pueblo para sus fines desemboca en una lucha donde hay anarquistas y otros grupos, donde los otros grupos forman el grueso revolucionario y, por lo tanto, el grueso de las decisiones. Sin una organización establecida y sin objetivos estructurales innovadores tangibles, el anarquismo se vuelve en un movimiento sin fundamentos. Cabe aclarar que, aunque se uso una analogía con el movimiento socialista previo al comunismo, este movimiento socialista nunca llegó a consumarse en comunismo, el cual, a pesar de su falta de jerarquía aparente, contaba con un sistema organizacional muy claro, a diferencia del anarquismo. Por tanto, los movimientos socialistas característicos del siglo XX (comenzando con el Magonismo en México) fueron movimientos que por sus fines no pueden clasificarse como anarquistas, aunque sus formas sean muy similares.
Pareciera ser que este anarquismo se ha formado como un movimiento aparte, pero aún no forma una identidad. Sus simpatizantes se han llegado a agrupar en pequeñas comunidades a lo largo y ancho de todo el mundo en la mayoría de los movimientos revolucionarios. Su presencia ha sido constante, más no consistente con la naturaleza revolucionaria; más que satisfacer necesidades, buscan eliminar obligaciones. Su falta de coherencia y cohesión con la naturaleza social del hombre lleva a su único desenlace: el fracaso. Y sin embargo, los grupos anarquistas siguen presentes, peleando día a día por su triunfo, por el derrocamiento de todo sistema y jerarquía. Quizá nunca será eliminada esta facción de las revoluciones humanas, pero puedo asegurar que no espero conocer ni un lugar de la tierra donde el anarquismo triunfe como norma dominante.